La pregunta que plantea el estudio
El entrenamiento de los músculos del tronco forma parte de numerosos programas de preparación física para el golf. Pero ¿aumenta realmente la velocidad de la cabeza del palo? ¿Y son mejores los ejercicios que reproducen el swing que los movimientos generales de acondicionamiento?
Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en Life el 25 de septiembre de 2026 examinó estas preguntas. Sus autores, Hsing-Hui Liu, Long-Huei Lin, Ting-Yu Lin, Wei-Ting Wu y Ke-Vin Chang, analizaron nueve ensayos controlados con 220 golfistas. Ocho fueron aleatorizados y uno no aleatorizado. Los programas duraron entre seis y doce semanas e incluyeron desde jugadores recreativos hasta deportistas de competición.
Hay un matiz decisivo: solo un ensayo estudió el entrenamiento del core de forma aislada. Los otros ocho lo combinaron con trabajo físico del tren superior, del inferior o de ambos. Por tanto, no se puede atribuir el resultado únicamente a los abdominales o a la musculatura del tronco.
Una mejora media pequeña, no una promesa de metros
En el análisis conjunto se observó un efecto pequeño pero estadísticamente significativo sobre la velocidad de la cabeza del palo frente a los grupos de control: g de Hedges = 0,290, intervalo de confianza del 95 % 0,031–0,549, p = 0,028.
La g de Hedges es un tamaño del efecto estandarizado: no equivale a sumar 0,29 m/s a la velocidad del swing y no permite predecir cuántos metros de vuelo (carry) ganará cada persona.
Los investigadores compararon también los programas que incluían ejercicios de core que simulaban el swing de golf (GSCT) con los que no los incluían. Las estimaciones fueron g = 0,451 y g = 0,148, respectivamente. Aunque la primera cifra es mayor, la diferencia entre subgrupos no alcanzó significación estadística (p = 0,252). No está demostrado, por tanto, que imitar el swing en el gimnasio sea superior.
Además, al excluir un ensayo con un efecto excepcionalmente elevado, el resultado del subgrupo GSCT dejó de ser estadísticamente significativo. Conviene evitar conclusiones tajantes.
Cómo trasladar estos datos a la práctica
La lectura razonable es que la preparación física estructurada puede ayudar, no que exista un ejercicio universalmente eficaz.
Establecer una referencia. Con el mismo driver y monitor de lanzamiento, registrar la velocidad de la cabeza del palo durante varios swings habituales. Es preferible conservar el rango típico de mediciones, además del mejor golpe, y anotar las condiciones de la sesión.
Planificar progresivamente. Un profesional cualificado puede seleccionar trabajo de estabilidad del tronco, rotación controlada y fuerza general según la condición del jugador. Los estudios analizaron programas distintos; esta propuesta de seguimiento es una recomendación editorial, no un protocolo de eficacia demostrada por el metaanálisis. Ante dolor o lesión, corresponde consultar con profesionales sanitarios.
Volver a medir. Tras un periodo de entrenamiento, repetir las mediciones en condiciones comparables. Observar también la calidad del impacto, la dirección de salida y la dispersión. Una cabeza de palo más rápida no garantiza por sí sola mayor precisión ni menos golpes en la tarjeta.
Limitaciones que importan
Los autores calificaron la certeza de la evidencia como baja para el efecto global y muy baja para el subgrupo GSCT. Entre los ocho ensayos aleatorizados, solo uno presentó bajo riesgo global de sesgo; los demás planteaban distintas dudas metodológicas. Varias muestras eran pequeñas.
El resultado principal fue la velocidad de la cabeza del palo, no el carry, la precisión en el fairway ni la puntuación por vuelta. No es correcto afirmar que un ejercicio concreto mejora esos indicadores sin pruebas directas.
Conclusión
Incluir el core en un plan constante y bien ajustado de preparación física puede aportar beneficios, pero el promedio observado fue modesto. Una evaluación individual y unas mediciones coherentes ofrecen una base más sólida que cualquier promesa de distancia garantizada.
Estudio: H.-H. Liu y colaboradores, Life, 25 de septiembre de 2026. DOI: 10.3390/life16101609.




